El Columpio


Pereza alcanza la madurez con Aviones. Un cambio cualitativo que marca su nuevo rumbo by urquijo
septiembre 11, 2009, 2:12 pm
Filed under: Actualidad, Crítica, Música | Etiquetas: , , , ,

Se presentaron como quien no dice nada y hace mucho menos. Como quien ya es un grande y se puede relajar. Sin saber muy bien si ya habían llegado y sorprendiendo a todos. Enfundados en sus flamantes botas camperas, de esas del antiguo y lejano Oeste; sombrero y pitillos desgastados, y sentados sobre una piedra con el sol ya cayendo por el horizonte.

Todavía cosechaban los últimos éxitos de su último álbum, aprovechando cada uno de los últimos coletazos de su quinto single, Margot. La vida de Aproximaciones había durado prácticamente dos años,Pereza aviones desde agosto del 2007 hasta junio del 2009, cuando publicaron Baires, un DVD con un documental del grupo y algunos temas, entre ellos, un adelanto de éste álbum: Señor kioskero. Con un disco en la calle, nadie esperaba ver a Pereza en una nueva caratula de CD. No obstante, a finales de agosto, en concreto el día 25 aparecieron en la prensa. Desde los telediarios hasta las revistas musicales recogieron la gran noticia: Pereza presentaba nuevo disco. 

Aviones era un lavado de cara del grupo. Sin obligaciones por parte de la compañía, Rubén y Leiva se habían metido en el estudio simple y llanamente porque tenían canciones. Diecisiete en concreto. Nada tiene que ver, evidentemente, con las locuras transitorias de los discos de Calamaro, con tres o cuatro álbumes repletos de canciones, pero diecisiete temas no es baladí. Hoy en día los artistas se han abonado a los discos de 11 temas y de esa apuesta no se mueven. 18 euros por 11 temas… bueno, eso es otro cantar.

Diecisiete, por tanto, eran los temas con los que Pereza presentaba su quinto álbum. Si ya eran un grupo sólido y consolidado, ahora han dado un gran salto cualitativo. El grupo ha alcanzado la madurez que muchos les exigían. Ya no son los niñatos Superjunkies de los discos anteriores. Ahora han mirado hacia otra perspectiva del rock, hacia la senda ‘Dylaniana’, esa que va del rock al country y que han seguido todos los grandes, desde el propio Dylan hasta Joaquín Sabina.

En España, esta ola está completamente vigente, desde grupos ya clásicos como Revólver o Los Secretos, hasta gente nueva como Quique González o Luis Ramiro. Y Pereza ha virado ligeramente su rumbo hacia este sector. Sector que, por otra parte, les abre las puertas de otro pellizco de la sociedad, alejándose, en parte del público adolescente hacia un público más maduro. Y alejándose también, por qué no, de las pistas de baile.

De su recién estrenada ‘madurez’ hablan sus nuevas canciones. Este disco es un amanecer después de una borrachera. Es una mezcla entre el desamor de Bécquer y la resaca de Sabina. Este cambio es, si cabe, más acentuado en los temas de Leiva que en los de Rubén, que mantiene una línea más llana. Ahora la exaltación del amor que ocupaba la mayoría de las canciones de otros álbumes, con Animales como máximo exponente, han virado al desamor o incluso el desengaño.

El single, Violento Amor, es un tema maravilloso para dar el pistoletazo de salida a un nuevo disco. Ya desde este tema se observa a la perfección el cambio de perspectiva del grupo. Es un tema claramente acústico, con unas guitarras maravillosas y un ritmo lento pero contundente. Violento Amor sigue la melodía y estilo acústico marcado por canciones que han dado un maravilloso resultado al grupo, como Estrella Polar, Beatles o Por mi tripa. Es un tema de Leiva, como suele ser habitual en los singles del grupo, en el que ya varía la temática tratada con respecto a discos anteriores. Aquí ya se trata la desigualdad en el amor, el pulso que supone una relación, las diferencias entre la implicación de los dos miembros. Y, como diferencia, aquí,es Leiva el que se queda atrás, el que no puede seguir el ritmo de ‘su chica’. Algo así como lo que ocurre en el tema Viviendo deprisa de Alejandro Sanz: Incomunicación. La parte sombría de una relación emerge, provoca desconexión en la relación, inseguridad. Y al final… “aprieto el detonador, volamos alto”.

 

La pauta marcada por el single Violento Amor, será continuada en el resto del álbum. No obstante, Violento Amor es el segundo tema del repertorio, siendo Windsor el primero. Otro tema acústico y de pegada importante. Seguramente sea uno de los sencillos del álbum en algún momento. Tema que trata también la diferencia en una relación. El tema viene revestido con un aire de vitalidad propio de los primeros compases de una relación, que trae consigo, por otra parte, una lucha en la pareja hasta conseguir una pauta que rija la relación. Leiva tiene aquí el papel del “perla”, del alocado, fiestero y distante. Aparece, por primera vez, la palabra “guerra” en el contexto del amor: “aveces todo se confunde, quiere decir paz y sale guerra”. Se aprecia claramente este cambio en la mentalidad del grupo, ya no es todo una exaltación del amor como podría ocurrir en temas como Todo, o Aproximación.

Leones es otro de los grandes temas del álbum. Además supone el culmen, la cima de esa lucha en la relación: la lucha por sobrevivir, una pelea a vida o muerte. El desamor, el final de una relación, la fuerza del amor, todo ello se funde con la incomunicación, incluso con el egoísmo que hace acto de presencia en la relación. “Y al final dos heridos graves, desperfectos claves, ambulancias, naves…”

 

El tema más “rápido” del disco tal vez sea Que parezca un accidente. No hay más que ver que, sin ser el single del álbum, ya ha sonado en numerosas ocasiones en la radio: con Radio 3 como principal exponente. Es, sin duda, otro de los temas candidatos a ser single del álbum. 

Siguiendo por la pauta del desamor, nos encontramos con otro tema oscuro: La chica del Tirso. En esta canción, el desamor conlleva a la ruptura. Una separación que trae consigo el dolor del desamor y los sentimientos de oscuridad al alma.

Otro cambio que se aprecia en la temática es el tratamiento de las drogas. Aquí ocupa ya una posición claramente negativa, un papel oscuro, que provoca distanciamiento entre las personas. Las drogas se alejan de los contextos festivos y de alegría y exaltación y pasan a ocupar un puesto de desamparo y soledad. Ya aparecen en el tema Violento amor, pero es más destacada su presencia en Champagne. Este tema, lento y sugerente en su primera parte, con guitarras acústicas y con alto contenido erótico, se torna en lejanía en el estribillo. De la sexualidad de la primera parte de la relación, se pasa al desamor con el paso del tiempo. Nuevamente la falta de comunicación y el viento seco del tiempo barren la humedad y el erotismo de los primeros compases de la relación hasta convertirlo en un terreno yerto. Aquí, las drogas provocan más distanciamiento en la relación: “y yo no tengo la culpa de ser mas yonqui cada vez…”.

 

Por otra parte, el papel de Rubén en el álbum es más discreto. Se percibe en él también un cambio del amor hacia el desamor. Tal vez su tema más ágil y directo sea Backstage, en el que hace una descripción de sí mismo muy rápida y dinámica con algunos buenos juegos de palabras. Continúa con su particular progresión pero está uno o varios escalones por debajo de Leiva.  

Una de las mejores canciones del álbum es la que cuenta con la colaboración de Andrés Calamaro titulada Amelie. Es una canción fresca y desembarazada, en la que juegan a romper las reglas, a ser los diferentes, a ser los odiados y a la par envidiados por su descaro y su desvergüenza. Algo así como lo que decía Alaska y Dinarama en su archiconocido tema: A quién le importa “la gente me señala, me apunta con el dedo, susurra a mis espaldas y a mí me importa un bledo…”. Maravilloso el tema Amelie que es, a día de hoy, el mejor valorado por los votantes de la página web de Pereza con un 4,7.

 

Para pegar más fuerte todavía, el disco cuenta con otro tema que será de los mejores del grupo con el tiempo, titulado Lady Madrid. Sólo queda saber quién es, si existe, la mencionada Lady Madrid. Tal vez sea una oda a la propia ciudad, al mundo underground de la capital. A ese mundo que naciera en los ochenta, en el que sonaran grupos como Burning y Los Ronaldos; ese mundo de una ciudad renaciente que pasaba -y pasa- desapercibido por los diarios; ese mundo del suelo y de los tejados, de las noches y de los amaneceres; ese mundo del rock, de las salas pequeñas y de los conciertos potentes. El mundo de la movida y de sus descendientes. Pero esto es sólo una interpretación… una de las miles que habrá.

 

Para cerrar el disco, el grupo se acerca a ese piano tan Quique González con un tema titulado Llévame al baile. Es la canción más lenta del repertorio, a base de piano y suaves guitarras e interpretada por los dos miembros del grupo: Rubén y Leiva. Es otro de los temas que pujan fuerte por ser el segundo single del grupo. Un tema maduro, con un sonido definido, un sonido propio de un grupo con tablas y con personalidad. Es la forma más esperanzadora de cerrar un álbum. Esperanzadora porque seguro que vuelven con más, con más y mejor. Aunque después de este álbum, mejor se antoja imposible.

 

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